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Última actualización: 08:43 / Viernes, 15 de Febrero de 2019
Diez reglas de oro

Seilern IM apuesta por empresas de calidad sin deuda y con estructuras financieras sólidas

Seilern IM apuesta por empresas de calidad sin deuda y con estructuras financieras sólidas
Foto: Free-Photos / Pixabay CC0 Public Domain
  • Su política se basa en “Diez Reglas de Oro” que sustentan las empresas con crecimiento de calidad
  • La principal de ellas es que cuenten con una posición financiera sólida, con “poca o ninguna deuda”
  • La gestora impone un “límite duro”: la ratio deuda neta/Ebitda debe ser de 2,5 veces
  • Hay dos formas en las que una empresa puede verse afectada por la contracción del mercado de deuda: el aumento de los tipos de interés y problemas financieros serios relacionados con su deuda interna
Por Funds Society, Madrid

Seilern Investment Management cuenta con “diez reglas de oro” que, a su juicio, sustentan cualquier negocio real de crecimiento de calidad: negocios escalables, crecimiento superior al de la industria, liderazgo constante, ventaja competitiva sostenible, fuerte crecimiento orgánico, amplia diversificación geográfica y clientes, baja intensidad de capital, sólida posición financiera, cuentas transparentes y excelencia en la gestión y gobierno corporativo.

El rol principal de algunas de ellas es el de reducir el riesgo de una pérdida permanente de capital, entre las cuales la regla de contar con una posición financiera sólida es, posiblemente, la más importante. “El criterio es fácil de comprender: buscamos empresas que tengan poca o ninguna deuda”, señala Tasilo Seilern, Head of Research de Seilern IM.

Existen numerosas complejidades a la hora de abordar la fuerza del balance de una empresa. Por ejemplo, una con ingresos volátiles, combinados con márgenes bajos, puede tener una ratio saludable deuda-ingresos en cualquier momento. Para Seilern, esto es “engañoso” porque la situación puede cambiar al instante y pasar rápidamente a ser “nociva”. La industria aeronáutica brinda incontables ejemplos de ello. A esto se suman las dificultades que normalmente vienen asociadas a llegar a una buena comprensión del verdadero endeudamiento de una compañía. Como siempre, a la hora de adoptar una postura sobre ello, algunos son más conservadores que otros. “Bajo nuestro punto de vista, una empresa con una posición financiera sólida es una empresa que cuenta con un balance fuerte en cualquier entorno”, apunta.

El punto de partida de la gestora es marcar el límite de la ratio deuda neta/Ebitda en 2,5 veces,lo que significa que la deuda de la empresa no debería exceder el valor de dos años y medio de beneficios antes de intereses, impuestos, depreciación o amortización. Aunque se trata del “límite duro” que impone Seilern IM, revela que no se detiene ahí ni piensa exclusivamente en términos mecánicos, sino que otros negocios con niveles de deuda más bajos también podrían quedar excluidos.

“Como siempre ocurre con nosotros, no es la ley en sí sino el espíritu de la ley lo que importa”, señala Seilern, al asegurar que muchas de las cosas que buscan en las firmas en las que invierten –como el poder de fijación de precios, el crecimiento industrial estructural, las ventajas competitivas sostenibles o la diversificación geográfica y de clientes- se basan en el mismo principio: Reducir el número de factores externos que podrían afectar negativamente sus negocios. Es lo mismo que con la deuda, donde buscan que sus compañías estén lo más aisladas posible de los caprichos del mercado de deuda.

A su juicio, hay dos formas en las que una empresa puede verse afectada por la contracción de este mercado. Primero, cuando los tipos de interés aumentan, el desempeño de una firma endeudada, su valor económico y el precio de sus acciones son desafiados por costes de interés más altos. “Esto significa que el poder de ingresos de esa empresa será perjudicado por factores externos a su negocio, que son difíciles de pronosticar”, afirma Seilern, antes de hacer hincapié en que no les gustaría invertir en negocios de alta calidad cuyos activos terminen con los titulares de bonos antes que con los titulares de acciones. “Visto de otra manera, queremos invertir en su negocio, no en sus estructuras de capital”, agrega.

En segundo lugar, y probablemente más importante, la gestora no quiere que ninguna de las empresas en las que invierte enfrente problemas financieros serios debido a su deuda. Si un negocio afronta una situación en la que no puede reestructurar su deuda, habrá graves consecuencias para sus accionistas. Esto puede ocurrirles a empresas con los más sólidos modelos de negocio en situaciones en las que los mercados de crédito se paralicen por completo y los fundamentales no jueguen ningún papel. “Son circunstancias extrañas, pero deberían ser evitadas por los inversores cuyo periodo de retención es indefinido, como el nuestro”, apunta Seilern.

Bajo su punto de vista, dado que el capital raramente es una barrera para el crecimiento de los negocios de alta calidad en su universo de inversión, una estructura de capital agresiva “sería un riesgo innecesario”. Un balance sólido es clave, pero también lo es comprender las cuentas de una compañía y la habilidad de determinar con seguridad su posición financiera.

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